En un día de invierno llegó este año la primavera. Entró a las 17:15h del martes 20 de marzo, con una ola de frío siberiano que azotó la Península y nos dejó temperaturas mínimas inusuales para la época.

Y este año, que es menos primaveral que otros, es cuando más nos hablan y más parece que sabemos de la Primavera, esa primum vera, la ‘primera parte del verano’, con su origen en el mito de Perséfone, que es raptada por Hades y llevada a los infiernos. Desde entonces, ya no es primavera todo el año (menos en las Canarias) y tenemos que convivir con el invierno.

¡Bendito invierno! Porque nos ha traído lluvias y más lluvias, nieve y más nieve… tanta, que yo temía parir atrapada por un temporal en la carretera. Mi FPP, que no es ningún título de máster universitario sino la “fecha probable de parto”, me la habían diagnosticado para mediados de febrero pero, con la barrigota tan grande que ostentaba, yo temía que Sabina, mi bebé, naciera antes. Así que desde principios de mes mi madre ya estaba por aquí y Alberto ya tenía preparadas las cadenas, los guantes y la cinta americana en el maletero, por lo que pudiera pasar.

Mientras, íbamos adecentando nuestra casa rural para los clientes de invierno, que fueron muy generosos (¡gracias por dejarnos tan buenas calificaciones!). Los que han visitado La Morada del Cura en esta estación han podido disfrutar de los bonitos paisajes nevados de las tierras de Fuentidueña para después reunirse en torno a la calidez de la estufa de leña de nuestro salón. Sin duda, la casa se ha quedado impregnada de los buenos sentimientos de las fiestas navideñas.

2018 nos ha traído la primavera en forma de niñita y con ella, una nueva etapa en nuestras vidas y también en nuestro negocio. Con LMdC en pleno funcionamiento, ViNO y MiMOS deja su sede física en las bodegas de Castillo de Fuentidueña. Ahora, si queréis disfrutar de nuestras degustaciones y paseos ¡¡buscadnos en las redes!! Seguiremos organizando bonitas experiencias para que descubráis nuestro mundo rural.

Como veis, la primavera no sólo trae nacimientos, también transformaciones. Y celebraciones. Porque el mismo día 20 mi abuela ¡cumplió 96 años! En su casa nos pudimos juntar, este año, las cuatro generaciones: la bisabuela Juanita, la abuela Mari Nati (mi madre), yo, mi hija Micaela y la nueva bisnieta, Sabina. ¡Esta sí que es una feliz Primavera!

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