Caen lentamente las hojas de los árboles, poco a poco la mañana se retrasa, la madre Tierra se paraliza, va llegando el frío y hasta las estufas más perezosas se van encendiendo y las almas se van recogiendo… falling slowly…
Quién se atreve a decir que el otoño no es bonito. Y pienso que es mucho más bello en nuestro alfoz de la Comunidad de Villa y Tierra de Fuentidueña. Gracias al río Duratón y a su bosque de ribera podemos contemplar los matices de esta etapa de cambio, de humildad, de dar un paso atrás con optimismo porque sabemos que luego vendrá la primavera.
¿Pero, de qué estoy hablando? ¿De arboledas o de corazones?
«Mira hija, aquí los árboles están casi desnudos y aquellos todavía están bien verdes.»
«¡¡¡¡Es verdad!!!! Casi no tienen hojas… Mira mamá, una huella… Voy a subir por ahí… ¡Un palo!…¡Ay! Que me caigo…»
Para los niños cualquier época del año es intensa. La vida es el presente y hay que disfrutarlo, haga frío o calor, tengamos hojas o no. Los cambios no son malos porque la vida, la naturaleza, funciona gracias a eso, precisamente. Y el otoño nos da la oportunidad de palpar esa rueda que gira y gira, de saborear el momento…falling slowly.
¡Qué tarde tan plena pasamos en familia, dejándonos llevar por nuestros pasos, descubriendo el concierto del viento y las hojas, merendando sentados en un tronco! ¡Qué rico sabe el otoño en Fuentidueña!
«I don’t know you but I want you…»
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